Así es que la ‘Comunicación Noviolenta’ cambia territorios golpeados por la guerra

Los sembradores han aprendido que la Comunicación Noviolenta enseña que necesitamos aprender a tratarnos de otra manera, donde nos reconozcamos todos como humanos, donde no sean más importantes las necesidades de ciertos grupos: ‘los hombres’, ‘los blancos’, ‘los profesionales’, ‘los que tienen dinero’, ‘los que tienen un cargo’, sino donde todos seamos importantes, sin discriminación.

De esto da fe Mariana Fernández, migrante venezolana que vive en San Juan Nepomuceno, en los Montes de María. “Por mucho tiempo me dijeron que por mi nacionalidad no tenía ni voz ni voto en nuestra comunidad, pero ahora he logrado hacerme escuchar y consolidarme como lideresa. He logrado grandes cosas tanto para los colombianos como para los venezolanos de la vereda”, cuenta con orgullo.

De la misma manera, Dumar Monsalve, líder social de Tarazá, Antioquia, narra cómo pasó de ‘querer dominar’ a ‘querer colaborar’ en su casa. “El Bajo Cauca es muy machista. Yo vengo de una cultura donde uno a veces cree que tiene la razón en todo. Yo sentía a mi señora cansada, pero nunca iba más allá. Ahora veo las necesidades de mi familia y entiendo que hay unos roles en la casa que podemos compartir y eso nos ha llevado a una paz tan buena”, afirma.

Dumar está tan convencido del potencial de la Comunicación Noviolenta que logró incorporarla en el Plan de Desarrollo de su municipio, como estrategia para mejorar la convivencia. “Creemos que la guerra simplemente la hacen los alzados en armas, pero en realidad todos participamos en ella. Una persona que no es entendida en su casa, por ejemplo, un joven que siente que la mamá lo trata mal y le dice ‘tú no sirves para nada’, es mucho más probable que sea reclutado por los grupos armados”, explica.

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